martes, 4 de julio de 2017

abuela Bocha



Viendo un programa de TV en donde una periodista preguntaba a una señora ¿Cómo se hace para vivir toda una vida en extrema pobreza? Vino a mi mente la imagen de mi abuela paterna, la tan querida y espectacular Ambrosia Subero, mejor conocida como Bocha, con su historia de luchadora, agradecimiento, humildad y pobreza material. Cuando niña era para mí una alegría inmensa verla venir por el camino con su bulto de cosas en la cabeza, siempre flaquita, esa señora tenía una ternura especial, yo la adoraba aunque no asistí a su entierro y nunca he ido a visitar su tumba en el cementerio de Caripito.
En ese bulto que  cargaba siempre nos llevaba, a mi hermana Martha y a mí, cintillos y cositas para el pelo y muñequitas y tacitas, creo que de allí viene mi gusto por esas cosas, sobre todo los cintillos; cuando llegaba, siempre dormía con ella, realmente era feliz esos pocos días que ella estaba con nosotros y no quería separarme de ella por eso nunc entendí la mala voluntad que mi madre sentía hacia ella y todo lo que se le relacionara, y que además pretendiera transmitírmelo, conmigo no lo logró; con el paso de los años me di cuenta que eso no tenía sentido que mi madre estaba equivocada y que no logró transmitirme esa mala voluntad hacia mi querida abuela.
Ella nació en Río Caribe, hija única de una madre soltera, por supuesto muy pobre, los únicos familiares que conocí de ella eran una señora llamada Vicenta  Subero, quien según era su prima,  y su esposo Domingo Ruíz; según me contó su papá era un margariteño, que como era costumbre en aquella época, por ser  Margarita  una isla muy pobre sus habitantes vivían en extrema pobreza y salían por el mar hacia tierra firme para conseguir sustento, uno de esos pueblos a donde llegaban era Río Caribe  por su cercanía a la isla; a esas playas de Río Caribe llegó ese señor, de quien ella nunca supo su nombre, y si lo supo lo olvidó con el tiempo,  ni tampoco llegó a conocerlo; en esas arenas de playa se enamoró de una riocaribera y procrearon un ser.
El margariteño aventurero siguió su camino y regresó a la isla, sin saber que había engendrado a un ser en su aventura en las playas de Río Caribe; al cabo de un tiempo se entero por intermedio de otros paisanos que también visitaban las mismas playas que tenía una hija de su amor de la playa y decidió que regresaría para conocer a su hija y se aventuró nuevamente al mar con tan mala suerte que en altamar le dio un ataque de diarrea (tal vez cólera) y murió en la travesía, habiendo sido su cuerpo arrojado al mar, por lo que mi pobre y tan querida abuela  nunca pudo conocer a su padre, ni saber quién era su familia y su recuerdo quedó en el olvido.
Su madre siguió luchando como vendedora de pescado fresco con una batea en la cabeza, caminando por esas calles de Río Caribe y recorriendo las poblaciones rurales aledañas, siempre acompañada por su hijita, pero un mal día siendo mi abuela Bocha muy joven su único soporte también murió, ella no supo de que,  lo que representó un golpe muy fuerte para ella, ya que quedó en completa orfandad; sólo tenía de familiar a una prima de su mamá y allá fue a vivir con la prima de su mamá  por esa razón se crió junto a su prima Vicenta Subero; pero según me contó siempre fue mal vista y mal tratada en esa casa, por eso cuando pudo consiguió una batea prestada y comenzó a ejercer el único oficio que había aprendido de su mamá “vender pescado fresco”, caminando con una batea en la cabeza,  por las calles de Río Caribe y sus alrededores; en esos andares conoció en el mercado de la playa a un galán que la dejó impactada, era alto, blanco de buenas facciones con un arreo de burros y un bello caballo; dicho señor venía de los campos a vender sus cosechas y a comprar provisiones para su hacienda; se conocieron y agradaron, después supo que ese señor se llamaba José Ignacio Fernández, conocido como Ignacio Fernández y que venía de un lugar llamado Catuaro Arriba y que tenía haciendas de cacao y café y una familia con esposa e hijos.
Todas las semanas ella acudía al mercado justo el día que ese señor venía , sólo para verlo y se enamoró con toda su alma, ese era su amor, aunque él no lo sabía; se dio la circunstancia que en la casa de su prima decidieron buscarle novio a todas las muchachas para que se casaran y se fueran, por que ya eran una carga, entonces a mi abuela le buscaron un novio que a ella no le gustaba por que según me dijo era un negro feo y por que supongo ya ella estaba muy enamorada del señor del campo aunque en la casa de su prima no lo sabían y decidió que con ese novio que le buscaron no se casaría por que no iba a vivir obligada con nadie y que ni siquiera le gustaba; entonces sin que se dieran cuenta hizo un bulto con 2 pantaletas, 2 fondos y 2 vestidos y esperó el día que su galán venia a vender su cosecha y salió de su casa como todos los días a comprar y vender su pescado fresco pero decidida a irse con su amor, y así fue, cuando el señor llegó se le acercó y le dijo, ya con la confianza establecida a lo largo del tiempo, lo que estaba pasando en su casa y que ella estaba decidida a irse con él; en eso convinieron y después del medio día, una vez realizada las ventas, se fue detrás de los burros y de su galán llegando a Catuaro Arriba al anochecer y así se interno en las haciendas, pasando mucho tiempo para que volviera a buscar a su familia, quienes no habían sabido nunca más de ella y tampoco se habían preocupado en conocer su paradero.
Ella llegó a la casa de la familia del señor como una trabajadora, ayudaba en la casa y en las haciendas; por supuesto el galán la hizo su mujer y quedó embarazada de su primer hijo; la esposa del  galán no se daba cuenta de lo que estaba pasando; pero un días estando todos alrededor de la mesa una persona que leía las cartas develó el secreto y mi abuela tuvo que salir, una vez mas, de la casa donde vivía; pero su galán no la abandonó, dispuso para ella una casita en las mismas haciendas apartada de la casa principal, su esposa no se opuso, dándose la casualidad que su primer hijo, al que llamó Luis Subero, nació el mismo día que el primer hijo varón de la esposa, al que llamarón Emilio Fernández.
Desde allí comenzó su gran lucha por la vida y por su familia y el galán con su doble familia; como se decida en aquellos tiempos una legítima y una bastarda, procreando 9 hijos en cada familia, en mi abuela Bocha a Luis, Elena, Jesús (mi padre), Antonio, Mercedes, Francisco, Ana Julia, Margarita y Petra; y en la esposa a Dolores, María, Emilio, Carmen Antonio (era varón), Genaro, Teodora, Yolanda, Marina y la Catira, no sé como se llamaba pero fue la más desdichada, murió de una enfermedad infecto-contagiosa creo que tuberculosis, Bocha me dijo que la aislaron en un rancho en el monte y ella era la única que la atendió, llevándole comida y agua y cocinándole hierbas; esa era la mamá de Felipe, quien aún vive en Catuaro. Mi abuela siguió trabajando en las haciendas y pariendo hijos; cuidando de sus hijos y de los de la esposa; hasta que un día murió la señora de la casa y mi abuela tuvo que hacerse cargo de las dos familias, terminando de criar a los huérfanos.
El galán nunca se casó con ella pero tampoco la  abandonó, disponiendo siempre para ella y sus hijos una modesta casita cercana a la casa principal, pero nunca le dio pertenecía legal sobre esas casitas ni sobre ninguna hacienda ni terreno alguno; ella fue una esclava mas, pero que lo adoró toda su vida; por eso una vez que el galán muere mi abuela quedó  totalmente desprotegida; aunque la mayoría de sus hijos estaban  crecidos ella quedó en estado de embarazo de su última hija, a la que llamó simplemente Petra; allí comenzó otra etapa amarga en su vida, sobrellevada con humildad y mucho buen humor; ya que tenía una capacidad innata para aceptar las desgracias de su vida y una chispa para ubicar el lado bueno de las situaciones cotidianas.
Mi abuela Bocha nunca disfrutó de una propiedad, a parte de sus vestidos, trapos y cachivaches; nunca tuvo una casa propia, siempre vivió en casas de alquiler o recostada en casas ajenas; pero todo lo sobrellevó con la mayor humildad y conformidad; nunca la oí quejarse, así como tampoco nunca la oí hablar mal de nadie.
Regresó a vivir a Río Caribe cuando las hijas de Carmen Fernández crecieron y las mandaron a estudiar a la escuela primaria,  ya que en Catuaro no había escuela; entonces ella se dedicó a cuidarlas en una casa que alquilaron para que vivieran, con ella cargaba a su hija más pequeña a quien también inscribieron en la escuela. Cuando todas completaron su educación primaria fueron enviadas a Caracas con una tía materna radicada en esa ciudad y mi abuela continúo peregrinando con su pequeña hija Petra.
Entre las poblaciones de El Tigre, Anaco, Buena Vista, Santa Ana, Aragua de Barcelona, Caripito, Carúpano y Catuaro transcurría su vida; a su pequeña hija tal vez la estabilizó en El Tigre donde vivía su hija mayor; culminando su primaria y haciendo un curso de secretaria. A mediados del año 1.971 decidieron residenciarse en Carúpano, Petra consiguió trabajo en la prefectura de la parroquia Santa Rosa y alquilaron una casita en la urbanización Curacho, allí fui a vivir con ellas a cursar el segundo año de bachillerato en el liceo Simón Rodríguez y permanecí con ellas hasta que culminé el bachillerato y me fui a estudiar a la UDO en Ciudad Bolívar.
Después ellas se mudaron a Barrio Bolívar, después al lado a la calle Páez, viviendo allí Petra tuvo a sus hijos, la China y el Chicho; en esa casa Bocha se cayó y quedo inválida por 5 años cuando volvió a caminar; como tuvieron que entregar esa casa, a Bocha se la llevaron para El Tigre y Petra se mudó a una casita en la calla Principal de San Martín de allí se mudó a la calle Principal de Valle Nuevo y después junto con Griseida al callejón frente a la Iglesia San Martín de allí se fué  para Anaco; Bocha estaba muy enferma en Aragua de Barcelona desde donde la trasladó mi tío Antonio hasta Caripito con la mala suerte que murió en la vía y fue enterrada en el cementerio de Caripito donde ella siempre dijo que no quería que la enterraran allí por que quedaba muy lejos y nadie la iva a ir a visitar y así ha sido; murió en Marzo del año 1.985, yo no pude ir a su entierro ya que en esa época estaba trabajando preaviso en Minerven en El Callao; han transcurrido 26 años y aún no he visitado su tumba, es una deuda pendiente que tengo; mi tío Antonio murió hace dos años y su familia está muy mal, aunque viven en la misma casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario